Sunday, October 18, 2020

CARLOS GARDEL: ENTREVISTA EN BUENOS AIRES 1933

La revista argentina Sintonía entrevistó a Gardel para su numero del 14 de octubre de 1933. Lo que sigue son las tres paginas de la entrevista. 
 
 La producción agradece  a Hugo Bigliani

 
 
 



 

 

Sunday, September 27, 2020

GARDEL EN LA RIVIERA FRANCESA





 

 

 

 Gardel estuvo en Europa trabajando profesionalmente y como figura privada, considerable tiempo entre setiembre 1927 y diciembre 1932. Aún hoy, es la etapa menos conocida de la vida del Zorzál y faltan detalles, pero gracias a la publicación online en años recientes de algunos periódicos franceses de la época y el acceso a otros recursos, hoy podemos saber bastante más que antes sobre los viajes de Gardel a la Riviera Francesa .  Aprovechando los nuevos recursos,  y la información  adquirida durante un viaje de investigación a Niza, ofrecemos esta nota que agrega bastante a lo que ya se sabía sobre las actividades de Gardel en la Riviera Francesa. Nos limitamos a hablar de cosas respaldadas con alguna evidencia. Dejamos de lado testimonios verbales que no pudieron ser confirmados en la prensa de la época.

 

Existe evidencia de que Gardel visitó por primera vez la Riviera, y más precisamente Monte Carlo, en los últimos días de 1927 o los primeros de 1928. Sabemos que tuvo compromisos artísticos en Madrid hasta la época navideña de 1927, y que el 9 de enero del año siguiente empezaba una sesión de grabaciones en Barcelona.  Entre esos dos compromisos, puede que se hiciera una “escapada”…..    En esa época algunos periódicos de Niza informaban el arribo de turistas a la Riviera, con el hotel donde se hospedaban. En su edición del 25 de diciembre de 1927, la revista “l’Eclaireur- Correo de Extranjeros”  anuncia que un tal Charles Gardel, procedente de París, ha reservado alojamiento en la Villa Notari de Monaco.  Considerando que difícilmente existía otro Charles Gardel, y la certeza que tenemos que Gardel estaba en Europa y tuvo algunos días libres,  es muy posible que efectivamente visitó Monte Carlo y muy probablemente Niza, que queda muy cerca.  De cualquier manera, sería un viaje privado como turista, distinto de los que vendrían próximamente.

El primer viaje profesional de Carlos Gardel a la Riviera fue a principios de 1929. Gardel, triunfante en París, hace un corto viaje a Cannes con sus guitarristas para presentarse en el Casino de Cannes. Se presenta a partir del 8 de febrero, y por aproximadamente diez días, y vuelve a París.   Según una carta de Pierotti, su representante, ese viaje fue organizado por la compañía que administraba el Teatro Empire en París. Recordemos que Gardel cantó en esa sala cuando volvió de Cannes.

 

 

Aquí entra en la historia la Señora Sadie Wakefield, amiga inglesa de Gardel y figura importante en Niza.  Sadie era la hija de un millonario ingles, Bernhard Baron.   Se calcula que lo conoció a Gardel durante ese primer viaje profesional a París (últimos meses de 1928). Su padre multimillonario había fallecido recientemente, dejando gran parte de su herencia a distintas “charities”   pero por el  estilo de vida que llevaba su hija en Francia queda claro que algo recibía en vida de su padre y muy probablemente  después de su fallecimiento también.   Su marido era el exitoso empresario norteamericano George Wakefield.  La pareja tenía una mansión  en Niza, donde pasaban parte de cada año y socializaban con la afluente comunidad anglo-americana.   El resto del tiempo lo pasaban en Paris y en Nueva York,  donde por lo menos el Sr Wakefield siempre  tenía algún compromiso.  El dato clave para esta historia es que George Wakefield, marido de Sadie,  se había hecho muy amigo de Frank Jay Gould, el dueño del emblemático casino Palaise Mediteranee de Niza y de algunos hoteles importantes en Niza (Hotel Majestic)  y Juan Le Pins (El Provencal). Hasta se hablaba en los medios locales que Wakefield iba a invertir en el próximo projecto de Gould, un casino en Juan le Pins.

A finales de 1930, luego de una estadía de un año y medio en Argentina, Gardel vuelve con sus guitarristas  a París. Las cosas habían cambiado mucho desde su última visita.  La Depresión había afectado mucho a la vida nocturna de la Ciudad Luz, y el empresario de la noche Paul Santolini- que junto con Manuel Pizzaro habían organizado el exitoso desembarco parisino de Gardel en 1928, ahora había cerrado sus cabarets en la Ciudad Luz. Esta vez el representante de Gardel, Pierotti, prefirió arreglar para que Gardel apareciera nuevamente en el Empire, pero comenzando 1931 no había mucho más en el horizonte. Es en este momento que Gardel acepta la oferta del “management” del casino Palaise Mediteraneé para participar en los “Tes  de Gala” del Palaise durante la segunda mitad de enero de 1931. Todo indica que detrás del ofrecimiento estaba la mano de Sadie Wakefield y su relación con Gould.

 

                                            GARDEL EN LA RIVIERA 1931

Los dos principales periódicos de Niza en enero de 1931 eran L’Eclaireur y Le Petit Nicoise.  Los ejemplares de enero 1931 pueden ser consultados en el sitio online de los Archivos Departamentales y hasta ahora ha aparecido muy poco de Gardel en Niza.  No hay entrevistas, artículos sobre presentaciones  del Zorzal, publicidades. Solo aparecen los clasificados que confirman que Gardel formó parte de los Tés de Gala del Palaise Mediteraneé la segunda mitad de enero de 1931.  Y sobrevivió un programa de esos días para confirmarlo. (ver imagen programa arriba)

 

Se puede ver que el conocido hombre de jazz Gregor Kalikian era parte del programa, y a partir de ahí empezaría una amistad con Gardel que terminaría con unas grabaciones juntos.  En definitiva, todo indica que Gardel no tuvo una campaña publicitaria en Niza como la de su debut en París. Y no aparece evidencia de otras actuaciones de Gardel en Niza, que sería prueba de una buena respuesta. Mientras tanto en Mónaco, muy cerca de Niza, las dos personas que hicieron tanto por el en París- Paul Santo y Manuel Pizarro- estaban administrando con dificultad un cabaret dentro del Hotel Carlton.  Gardel- siempre agradecido con ellos- hacia fines de febrero se presentó unos días en el Carlton sin cobrarles nada.   Sería su única presentación profesional en Mónaco.

Finalmente, podemos mencionar que a principios de marzo 1931 se firma un contrato para aparecer nuevamente por el plazo de una semana en el Casino de Cannes. Posiblemente una oferta de la misma gente que lo llevó en 1929.

En lo privado, fue en la Riviera en ese 1931 que Gardel recibió por unos días a su amigo Irineo Leguisamo, que lo visistaba desde Buenos Aires.  Julio de Caro también menciona haber estado con Gardel en Niza, pero hasta ahora no aparece la evidencia.

 

                                                    LLEGA CHAPLIN…..

Conociendo la amistad de los Wakefield con Frank Gould, se entiende lo  que pasó cuando el 31 de marzo 1931 el hombre mas famoso del mundo,Carlitos Chaplin,  llegó a la ciudad como invitado de los Gould.  El magnate acababa de inaugurar  su casino en Juan le Pins y,  como estrategia promocional,  le pareció buena idea organizar un banquete ahí para introducir Chaplin a sus allegados.  Saide Wakefield  por supuesto fue invitada, y se apareció con Carlos Gardel. Sobreviven varias fotos del evento.  Unos días después la propia Sadie organizó una fiesta de cumpleaños para Chaplin en su mansión en Cimiez, un barrio de Niza.  Fue un evento mucho mas privado, con poca gente, y de ahí son las fotos mas conocidas de Gardel con Chaplin.

Durante todo el mes de abril 1931 , Gardel y Chaplin coincidieron  en Niza.  Un periódico pone los dos en la lista de asistentes a un campeonato de baile en el Palaise Mediteraneé dos días después del banquete. Teniendo bastante tiempo libre los dos hombres, y moviéndose en el mismo circulo social, es muy posible que se volvieran a encontrar. Pero hasta ahora no hay evidencia.   Ese mismo mes de abril, Gardel tuvo la buena noticia de que le ofrecían un contrato para presentarse en el Teatro Palace de Paris…..y que se firmaba el primero de mayo un contrato para intervenir en su primera película para la Paramount (Luces de Buenos Aires).   Cuando se acercó la fecha de la firma, se marcho de Niza dando por terminado su viaje mas visible a la Riviera.

El año siguiente, 1932, Gardel vuelve a la Riviera en condiciones muy distintas.    “Luces de Buenos Aires” había sido un éxito de taquilla, y la Paramount le habla a Gardel de hacer una segunda película. El Zorzal viaja a Francia a fines de 1931 sin los guitarristas, con el solo objetivo de volver a filmar.  Estando en Francia se entera que la Paramount, por razones económicas, había suspendido su actividad en los estudios de Francia.  Empieza un año difícil para Gardel, en que analiza distintas propuestas, y trata de conseguir apoyo financiero para hacer nuevas películas.  En ese contexto durante el verano vuelva a Niza, donde su amiga Sadie  Wakefield a lo mejor lo puede ayudar. Recordemos que Sadie tenía muchos amigos influyentes en toda Francia.    Mientras espera el desenlace, se junta con el compositor uruguayo Carlos Cesar Lenzi y el pianista argentino Juan Cruz Mateo para ensayar algunos temas.  De este encuentro sobreviven algunas fotos. Aparecen ensayando, en la Rambla de Niza, y en los jardines Alberto 1.  Muy poco después, habría novedades. En setiembre 1932 Gardel finalmente logra firmar un contrato con la Paramount para filmar dos películas en Paris. Serian las únicas películas que la Paramount filma ese año en Francia, asi que no se descarta la influencia de los amigos poderosos de Gardel.  Con esta novedad, Gardel vuelve  a Paris para , en octubre, empezar la filmación de la película Espérame. 

   En definitiva, estas son las visitas documentadas de Carlos Gardel a la Riviera.  Puede ser que en 1932 las visitas fueron mas de una (poco se sabe de lo que hizo Gardel ese año) y- aunque difícil-  a lo mejor existe alguna otra visita que desconocemos. Con toda la información que se esta volcando online, a lo mejor tenemos una sorpresa.

 

 

Sunday, September 6, 2020

LOS RECUERDOS DE MADAME BILLY





Aline Roblot era su nombre real. Pero en el período de entreguerras, en París hizo famoso su apodo de Madame Billy. Su ocupación era un tanto imprecisa. En Buenos Aires, por esa época se las conocía como “Madamas”, en Francia, como Maistresse de Maison. La maison que ella ¿cómo decir?, conducía o regenteaba estaba en el 4, rue Paul Valéry, de París, y desde luego, tenía sus puertas abiertas al gran mundo de la aristocracia, las finanzas, y por decirlo con sus palabras “…la vie facile, le luxe, l´infatigable besoin de séduction qui énerve la haute société à toute heure du jour et de la nuit”.            
 
                     Su libro es toda una pintura, una muy audaz pero elegante semblanza de los “años locos”, que transcurrieron entre las dos grandes tragedias mundiales, ese fugaz resplandor nocturno, cuando “les violons tziganes, les balalaïkes russes, les bandonéons argentines, les trombones de Harlem, jouaient à l´unisson. Gauchos et moujiks se partageaient les rues. Plus parisiens que les Parissiens, les argentines et les russes blancs étaient les rois de la nuit”.        
                                                                En 1980 publicó un libro de memorias “Maitresse de Maison”-Editorial La Table Ronde-, del cual traduciré un gracioso capítulo referido a Carlos Gardel. Nos cuenta Madame Billy:    
 
                                    - Carlos Gardel era el rey incuestionable de la colonia latino-americana. Este tolosano de origen, que el tango transfiguraba, era más argentino que los argentinos. Yo tuve la suerte de contarme entre sus amigos. Lo había conocido por Mattos, el autor de “La Cumparsita”. No había fiesta grande sin Gardel. Más allá que su voz hacía zozobrar, no le faltaban argumentos de seducción: grande, morocho, la mirada potente bajo sus pestañas sombrías, el  hubiera podido rivalizar con Rodolfo Valentino en la categoría “hidalgo”. Todas las mujeres estaban locas por él, y él se hacía un deber de satisfacerlas en el mayor número posible.      
                                                      Gardel cantaba en el Teatro Empire. Yo acudía seguido, porque luego partíamos a cenar, y hacer la ronda por las boites. Una vez, en la sala, yo estaba sentada al lado de una pareja. Apenas bajado el telón, la mujer, sin una palabra de explicación, deja allí a su marido, para ir al camarín de Gardel. El infeliz, viendo que yo no me movía, se dirigió a mí:
 
Usted no va a ver a Carlos Gardel?    
No, señor, no vale la pena. 
–¿Ah, usted lo conoce? 
   No quise sumarme a su confusión. 
  –No, casi nada. Lo vi una sola vez.
    
                                                 –Señora-me ha dicho él- hace seis días consecutivos que venimos a verlo. Hace seis días consecutivos que, al fin del espectáculo, mi mujer va a su camarín. ¿Usted encuentra esto normal? ¿Qué haría usted en mi lugar?                    
 
 Intenté  tranquilizarlo. 
                                                                                  - Esto no es grave, señor. No tiene por que inquietarse, Gardel es casado, y está bien rodeado. Pero él es muy sensible a los halagos que recibe luego de sus actuaciones…  
El no estaba convencido y, aparentemente, sin ilusiones sobre el comportamiento de su mujer:          
                                                            -Ah, usted piensa que esto no es grave! A usted le parece normal que por seis noches seguidas un marido lleve a su mujer a ver a su futuro amante…?     
No quise esperar la continuación, y preferí perderme en la multitud. Seis días…Seguramente, la esposa ya había sucumbido.
  Hasta aquí Madame Billy.            
 
                                                                      Podemos agregar que el 5 de noviembre de 1984, el alcalde adjunto de París, Francois Lebel, descubrió una placa en  homenaje a Carlos Gardel en el 14 de la Rue de L´Arcade, en compañía del entonces embajador argentino en Francia, Carlos Ortiz de Rosas y del embajador itinerante Hipólito Solari Yrigoyen. La placa decía: “A Carlos Gardel, célebre cantor de tango argentino, nacido en Toulouse el 11 de diciembre de 1890, habitó en esta casa en 1933”. El diario Clarín del 6 de noviembre, en nota firmada por Francois Lepot, informando sobre el acto, consignó estas declaraciones de Madame Billy: “No recuerdo un éxito más grande y duradero de ningún artista en mi vida, como el de Carlos Gardel. En el teatro Empire, donde Maurice Chevalier, la Mistinguet y otros grandes del momento actuaban por quince días, Gardel mantuvo un lleno completo por seis meses, y se fue porque quiso”.     
 
  Enrique Espina Rawson                
                                                         

Presidente del Centro de Estudios Gardelianos

Saturday, August 8, 2020

LA TALLA QUE NONINO LE REGALO A GARDEL



 
         
          Por Enrique Espina Rawson.
 

La historia es conocida. Según relató Astor en el libro “Con Astor” de Alberto Speratti, -y que luego repitiera con alguna pequeña variante en varias oportunidades- , en 1934, su padre, Vicente Piazzola, residente en Nueva York, talló un gaucho en madera, dedicándolo abajo con la leyenda “Al gran cantor argentino Carlos Gardel- Vicente Piazzola”. Luego encomendó a su hijo, entonces un jovencito de 13 años, que se la alcanzara a Carlos, en su nombre, como un homenaje. Allí comenzó la episódica relación de los Piazzola con Gardel.  
 
 
                                             Nada haría pensar que esto no haya sido así.  Pero resulta que este relato, perfectamente aceptable, tuvo luego una rara continuación sobre la cual nunca escuché cuestionamiento alguno. La versión tantas veces citada es básicamente así: Cuenta Astor que allá por el año 56 o 57 se encontró con Andrés D´Aquila (su primer profesor de bandoneón) y que este le contó que, en Nueva York, vio en la vidriera de una casa de empeño una figura de madera quemada que representaba un gaucho con la leyenda “Perteneció a un gran cantor argentino”. El precio era 20 dólares. D´Aquila tenía sólo 10. Cuando vuelve al día siguiente la escultura- increíblemente- ya se había vendido. Hasta aquí el relato.
 

Mi primera objeción. Si la estatuilla estaba dedicada a Gardel, no había por que poner que había pertenecido a un gran cantor argentino. Con leer la dedicatoria la aclaración genérica no sólo seria superflua, sino que restaría valor al objeto. Concedo que este argumento podría refutarse, si justamente se hubiera quemado la leyenda que grabó Nonino. Pero en tal caso, ¿cómo sabía el comerciante que había pertenecido a “un gran cantor argentino”?
 

Otra: Gardel inicia la fatídica gira con no mucho entusiasmo. No era nada fácil el transporte por aquellos días en esas regiones. Tenían que acarrear un inmenso bagaje, desde el telón de presentación para los teatros, las guitarras, los trajes de gaucho, las botas, sombreros, ropas de gala, ropa común, partituras, el Linguaphone con el que Gardel, perseverantemente estudiaba inglés, en fin, una parafernalia de objetos heterogéneos de él y los guitarristas. ¿Qué necesidad tenía de cargar, encima de todo esto, con una escultura de madera que estaba como un adorno en su casa, sin fin utilitario alguno, uno más entre tantos recuerdos? De lo que se trataba era de alivianar peso, no aumentarlo con objetos que no tenían ninguna utilidad para la gira. Con el mismo criterio, podría haber agregado un cuadro o un jarrón. Francamente no tiene sentido.


Otros cuestionamientos que opongo a este relato, es que si D´Aquila tenía tanto interés en la estatuilla, hubiera dejado una seña, digamos cinco dólares hasta el día siguiente. Día en que ¡justo! se vende un rato antes. No es imposible, pero… Otras objeciones: En el minucioso inventario que se lleva a cabo en el mismo campo de aviación, y en que se detallan minúsculos objetos hallados, no hay mención a estatuilla alguna, ni de madera ni de ningún otro material. Defino cuando recoge y reenvía a Buenos Aires todos los objetos personales de Gardel existentes en su departamento de Nueva York tampoco registra a esta talla. Con la dimensión y renombre que con toda justicia adquirió posteriormente Astor Piazzola, esta pieza tendría un valor muy grande, no sólo sentimental, sino económico. Raro es que quienquiera que tuviese este objeto guardara tanto silencio a través de tantas décadas.

 

 Tampoco Adela Defino registró esta estatuilla, ni ningún coleccionista aludió, siquiera tangencialmente, a la misma. Añado a estas líneas algún recuerdo personal. Yo conocí y escuché hablar muchas veces al mismo Nonino. Era un niño y no tan niño cuando, por algunos veranos, concurría habitualmente a la bicicletería que don Vicente Piazzola poseía en Mar del Plata, calle Alberdi, a metros de la entonces Terminal de Omnibus, entre Sarmiento y Alsina, para hacer emparchar o arreglar alguna falla de mi maltrecha bicicleta. Lo recuerdo perfectamente, un hombre alto, delgado, enfundado en un overol de esos tipo Pampero o Suixtil comunes en la época, camisa de tela industrial también, mangas arremangadas, brazos fibrosos, nervudos, pelo gris bastante tupido, anteojos. Fuimos amigos, en la medida que un niño podría serlo de un hombre grande. Era conversador, al menos era conmigo, charlaba cosas interesantes, me contaba que tenía un hijo músico, me relataba cosas de cuando hizo el servicio militar, recuerdo que en un hueco del local repleto de bicicletas tenía pegada una lámina, no sé si del acorazado Moreno o Rivadavia y una foto de Gardel. No tenía porque haberme contado nada de la talla del gaucho, desde luego, pero también podría haberlo hecho. Lo cierto es que nunca lo hizo.


Agrego estas objeciones a cosas relacionadas con este tema, o en todo caso a la relación Gardel-Piazzola. Dícese que el cantor ofreció a Astor tocar el bandoneón en “El día que me quieras”. No hubo tal cosa. Ni tampoco Astor participó de ninguna grabación con la orquesta que acompañó a Gardel. Astor no tocaba tangos en ese tiempo. Lo del canillita sí, como oportunidad para que gane algún dinerillo, que no le venía mal a la esforzada familia. Si hubiera vuelto a filmar, seguramente hubiera encontrado alguna cabida para el jovencito Piazzola. Tampoco resulta creíble que haya consultado con don Vicente la posibilidad de haber incluido a Astor en la gira. Esta, como todas las giras, tenía un claro fin económico, la difusión de Gardel en sus presentaciones personales y, paralelamente, de sus películas.                
                             
 La inclusión de un niño desconocido aún, que tocaba en el bandoneón piezas  clásicas no significaba aporte alguno. Pero si mil inconvenientes. Era un menor de edad ¿quién se hacía cargo legalmente? Podría surgir una enfermedad, un contratiempo cualquiera, habría que aumentar el costo de la gira con pasajes, alojamientos, retribución monetaria,etc..¿Con qué ventaja?           
Personalmente creo que, en caso de haberse tocado el tema con Nonino, no habría pasado de alguna expresión de deseos, algo con vista al futuro, como una charla de cortesía y buena voluntad, y también de aliento para el chico que después sería el gran Astor Piazzola.

Wednesday, July 29, 2020

GARDEL-RAZZANO. PRIMERA ENTREVISTA EN EL URUGUAY



Esta nota es del periodico uruguayo La Razón, y fue efectuada el 17 de junio de 1915 con motivo del primer viaje del duo al Uruguay.  (cortesía Archivo Razzano)      






Sunday, May 31, 2020

EL TESTAMENTO DE GARDEL. RESULTADOS DE SU ESTUDIO



 
 Lo fundamental del testamento ológrafo de Carlos Gardel está resumido en los siguientes puntos:      
 
   1) Declara que su verdadero nombre es Charles Romuald Gardes.
 2) Declara ser hijo de Berta Gardes.  
3) Declara haber nacido en Toulouse, Francia, el 11 de Diciembre de 1890.                                                                                     
 4) Declara no deber suma alguna y perdonar lo que le deben.          
 
    Al fallecimiento de Carlos, este documento (que se hallaba depositado en sobre lacrado en caja de seguridad del Banco de Boston) fue adjuntado como prueba documental en los juicios sucesorios del artista llevados a cabo en Buenos Aires y, posteriormente, en Montevideo. Muy pronto, comenzaron los cuestionamientos: se argüía que estaba fechado el 9 de noviembre,  y siendo que Gardel partió el 7 de noviembre, demostraba que  fue confeccionado posteriormente, y que, notoriamente, la letra de Gardel había sido falsificada, entre los principales. Quien se ocupó extensamente del tema fue el fallecido escritor Ricardo Ostuni en el libro “Repatriación de Gardel”, quien no sólo dio pábulo a todas estas versiones, sino que su conclusión final fue un terminante: “Falso de toda falsedad”. Este tipo de afirmaciones inapelables, realizadas tantos años después de la muerte de Gardel desconcertaron a muchos de los fieles gardelianos, y dieron pábulo a versiones que dudaban no sólo de lo expresado en el documento, sino de su misma autenticidad.          
 
                                                                      Sin embargo: ¿Cómo  era posible que en ninguno de los juzgados mencionados nadie hubiera advertido lo que Ostuni denunciaba?  ¿Qué oscuros asuntos subyacían en torno a Gardel?      
                            Así llegamos al año 2005, cuando los Dres. Raúl Torre y Juan José Fenoglio se abocaron al estudio científico del documento cuestionado, e hicieron públicas sus conclusiones.                              La primera de ellas es sorprendente: El testamento, que se encuentra depositado en el Archivo Notarial Argentino, Alsina 2230, 3er. Piso CABA, desde hace tantos años, no había sido revisado por nadie hasta la fecha que acudieron los Dres. Torre y Fenoglio a esa dependencia. Vale decir, que ningún impugnador, ni siquiera el mismo Ostuni, se dignó echar un vistazo al testamento, lo que no le impidió, por cierto, fulminarlo como “falso de toda falsedad”.                                                              
 
               Por extensas y científicas, no reseñaré todos los diversos estudios realizados por los profesionales mencionados, pero concluyen que el documento, de principio a fin, fue escrito de puño y letra de Charles Romuald Gardes, es decir de Carlos Gardel. No presenta alteraciones, enmiendas ni raspaduras de ninguna índole. El 9 no es un 9, sino un 7, que según presumen, fue agregado posteriormente en un espacio algo más grande dejado en blanco. Por mi parte, afirmo que esto es irrelevante a los fines legales. Sea ese número más grande o más chico, escrito antes o después, con la misma u otra tinta, no altera en ningún caso la validez total del testamento cuestionado, ni vale la pena, salvo como ejercicio de la imaginación, intentar averiguación alguna al respecto.                                                                                                        No obstante, y para entretenerme arriesgo una hipótesis: Gardel escribiendo se pregunta: ¿La fecha se escribe con letras o en número?, y en la duda, deja un espacio en blanco; al rato interroga a Armando Defino y este le dice que es igual. Entonces Gardel hace un número 7, con tamaño más grande que el común, cosa que siempre acostumbraba hacer. Estos y otros estudios, figuran en el libro que estos expertos dedicaron a Gardel, que deberían leer todos los interesados en el tema. El presente texto está basado en la síntesis del libro, aparecido en el Nro. 16; volumen 362, pag. 41 a 63 de “Policía Criminalística”, editado por la Policía Federal Argentina.   
 
                                                               Enrique Espina Rawson         
 
 
 
 Dr. Raúl Osvaldo Torre: PDH en Policía Científica, Profesor en: Universidad de Morón; Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina, de la Universidad del Aconcagua, etc.   

 Dr. Juan José Fenoglio: Médico. Especialista jerarquizado en Medicina Legal, Profesor en la Escuela de Policía Juan Vucetich, Universidad de Morón, etc.