Monday, August 6, 2018

GARDEL Y EL PRINCIPE DE GALES






Poseo una medalla que me regaló el Principe de Gales. Es uno de mis mas grandes admiradores”  
(Carlos Gardel, al periodico francés L’Intransigent  (1931))
 
La oportunidad que tuvo el dúo Gardel/Razzano de ofrecerle una actuación al Principe de Gales en 1925 es un  gran momento en la carrera del Zorzal, aunque casi ningún investigador se ha detenido en ella.
Este articulo pretende hacer justamente eso:   Explicar el contexto del  encuentro,  y ofrecer algunos datos que solo tenemos hoy. 
 
En primer lugar, es importante recordar que la persona  que acompaño a Gardel con su ukelele ese día de Agosto 1925 terminó siendo Rey de Gran Bretaña y su Imperio en 1936, y sorprendió al mundo unos meses después de su coronación, cuando abandonó el trono para poder casarse con una mujer americana que se había divorciado  dos veces. En fin…..gracias a ese famoso acto de 1936 este miembro de la monarquía britanica es casi tan famoso hoy como Gardel.     
 
                                             1925
El joven príncipe de la casa Windsor, que tenía muchos nombres pero era conocido por sus amigos como  “David” , ya tenia fama de ser algo rebelde, y especialmente por su poco amor por el protocolo,  pero hasta ese año 1925 en líneas generales  había seguido las ordenes de su padre el Rey Jorge.  Durante la Primera Guerra Mundial había prestado servicio en el ejército británico, y el año 1925 lo encontró con el  compromiso de hacer una cuarta y última gira mundial representando a su padre el Rey en distintos rincones del Imperio  Británico y ante ciertos importantes socios comerciales de Gran Bretaña. Por ejemplo, además de rincones del Imperio como Australia, ya había visitado los Estados Unidos.    Es en este contexto que se organiza el viaje histórico a la Argentina. Según el mismo cuenta en su autobiografía, su padre el Rey había recibido una invitación del entonces presidente argentino Marcelo T de Alvear…..y la Argentina de esos años era demasiado importante comercialmente para ignorar.  Entonces a una larga gira por las colonias británicas en Africa, que sería su última gira importante,  se le agregó una etapa  sudamericana en la que el príncipe visitaría principalmente la Argentina, pero también pasaría dos días en Montevideo, Uruguay  y estando en Argentina cruzaría la Cordillera en un trén especial para hacer una  visita a Chile de trés días.   Ese era el plan.
                                LLEGA EL PRINCIPE
Montevideo sorprendió a los británicos por el entusiasmo popular que generó el principe…..algo sorpresivo en un lugar que no era parte del Imperio británico.  Luego de pasar dos días en Uruguay en los que el protocolo dominó casi todo, el Príncipe iba a desembarcar en Buenos Aires el 17 de agosto de 1925. En el puerto estaba esperando el presidente argentino Marcelo T de Alvear, que tomaba esta visita como un triunfo personal y había participado en los detalles de la misma.  
Al igual que en Montevideo, los aburridos compromisos protocolares iban a dominar la primera semana del príncipe en el país.  Pero Alvear, consciente de que el príncipe necesitaba algo distinto para romper la monotonía,  le había organizado una escapada de dos días a la grandiosa Estancia Huetel,  de su amiga Concepción Unzué de Casares, que quedaba justo en el medio de la por entonces ya famosa pampa argentina.   Cuentan que el príncipe se entusiasmó al enterarse que iba a conocer “gauchos de verdad”. 
 
                                         HUETEL
Según Razzano, el mismo Alvear los contrató para entretener a Eduardo en Huetel.  El presidente  queria lo mejor para entretener al huesped la noche que  iba a pasar en el campo, y queda claro que en 1925 la fama del dúo había llegado a la Casa Rosada. Por ende, luego de las negociaciones del caso, le llego a los famosos cantores la invitación que vemos a continuación:
 
 
 
 
 
Los cantores viajaron la noche del 24 de agosto junto con los guitarristas Ricardo y Barbieri, más el agregado de su valet Mariano Alcalde.  Y aquí hay un dato interesante. Como ven en la invitación, podían invitar a cuatro personas para el viaje a Huetel.  Sabían que este tenía que ser un evento privado, sin prensa argentina, pero los cantores intuían que si el encuentro era exitoso, podía ser un gran golpe publicitario.  Entonces tomaron el riesgo de invitar como “valet” a un amigo, el joven periodista Emilio Ramirez , que luego sería famoso en Radio Belgrano y con su propia editora (Damas y Damitas, Vea y Lea…) Ramirez iba a ser testigo de todo y, si el viaje era un éxito,  iba a ofrecerle el relato de lo que pasó en Huetel por supuesto de forma anónima, al periodico que se interese.....  
 
Hoy tenemos detalles del encuentro gracias a este atrevimiento, ya que “el valet” fué la fuente de una extensa nota en el periódico La Razón.  Este, por supuesto, terminó siendo el único medio que “dió detalles” .  Ramirez contó esta historia el resto de su vida,  sin mucha evidencia para respaldarla, pero ahora cortesía del Archivo Razzano  ha aparecido la siguiente nota de agradecimiento firmada en el tren que los llevaba de vuelta…..y aparece la firma de Ramirez !
                                                                                                                            EN EL CAMPO
 
Dos trenes  llegaron bien temprano  a la Estación Huetel, que disponía entonces de un ramal de  Ferrocarril Sud y de andén propio.   En uno iba el Principe y su comitiva. Muy cansado luego de una dura semana de protocolo por la zona de Buenos Aires,  El Principe pidió seguir durmiendo y recién se levantó al mediodía.  Rechazó participar en una cacería de ciervos, pero aceptó un largo recorrido en caballo por la enorme estancia.  Mientras tanto, en el gran salón que tenía el principal edificio de la estancia, se hacían los preparativos para lo que sería una noche inolvidable.  Un asado sensacional, y durante la sobremesa…..        
 
ESTANCIA HUETEL. En el hall de este edificio,
que sobrevive, sucedió el encuentro.
El  “cronista” de La Razón, que se hallaba presente, narraría los hechos sucedidos esa noche. “Poco después de las 22, llegaron al gran hall del palacio, donde se hallaba haciendo tertulia de sobremesa el reducido núcleo de comensales, el conjunto criollo Gardel-Razzano. Los populares cantores criollos con sus guitarristas, se instalaron en un ángulo del salón e iniciaron el programa con la ejecución del celebrado dúo ‘Linda provincianita’”. El príncipe festejó con entusiasmo la perfomance de los músicos, y a continuación entonaron “Galleguita”, “Claveles mendocinos”, “La pastora” y “La canción del ukelele”.

Al ver la reacción positiva del agasajado, Sánchez Elía tomó la posta improvisando un repertorio donde se intercalaban canciones norteamericanas e inglesas, para beneplácito del príncipe. Al rato, toda la concurrencia cantaba “Yes! We have no bananas” y otras canciones de moda. El clima distendido y alegre entusiasmó a tal punto a Eduardo que poco después subió a sus habitaciones para buscar su ukelele, el cual llevaba consigo en sus viajes. Eduardo de Windsor templó el instrumento con seriedad, y acto seguido interpretó la popular canción hawaiense que lleva el nombre del instrumento. Tras los aplausos de la concurrencia, el príncipe se animó a más, llegando a acompañar algunas canciones criollas que el dúo interpretó a continuación.

Cuando termiraron, el Principe le estrechó con fuerza la mano a los dos cantores que lo habían impresionado, y les regaló una medalla de oro conmemorativa a cada uno. “ Tienen que venir a Londres…..Londres los espera” aparentemente  le dijo a Gardel, según relató mucho después su chofer El Aviador. Otro que quedó encantado, y volvió a ver a Gardel en París, fue el Maharaja de Kapurthala, que por esos año formaba parte de la comitiva de 30 personas que acompañaban al Principe.    Antes de retirarse a su habitación, el Principe también les autografió algunas fotos a  los cantores. Aquí vemos la que le firmó a Razzano.


 
Una foto de los trés hubiese sido sensacional, pero, como mencionamos, el Gobierno argentino quiso darle privacidad al Principe. La prensa argentina no había sido invitada a Huetel, y los corresponsales  extranjeros que siempre acompañaban al Principe estaban ahí pero probablemente tenía un acuerdo de no sacarle fotos en ciertos momentos.   
En algún momento del día siguiente, todos volvieron a Buenos Aires en los mismos trenes que habían usado para ir a Huetel.  El Principe tenía el compromiso de visitar Entre Rios y Corrientes, y luego iba a cruzar a Chile el 10 de setiembre . La visita al país trasandino terminó siendo mas larga de lo planeado, debido a que una nevada impidió el retorno  a la Argentina.  Pero existe evidencia que estaba de vuelta el 19 de setiembre para poner la piedra fundacional de la reconstrucción de la Estación Constitución. De ahí se fue a Mar del Plata.    Desde esa ciudad, el 26 de setiembre tomaría el barco que lo llevaría de nuevo a Inglaterra.
 La historia dice que el Principe volvió al país en marzo de 1931, esta vez con su hermano Jorge (que también sería rey).  En este caso era una visita mas corta, no oficial, y una vez más visitaron una estancia…..el recuerdo había sido grato....   Pero esta vez Gardel no se encontraba en la Argentina, sino en Francia y mas precisamente en la Costa Azul. 


Agradecemos la colaboración del Archivo Razzano  en la producción de esta nota.

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